Tuesday, April 20, 2010

This Week...ZONE tour!

Hello!
How is everyone doing? This week was a good week as usual. It was long at some points and times cause it is tough to find people and when we do find them they are from Guatemala and speak dialect and it is like impossible to teach them! haha. oh well... this week however we have been working more with the mendoza family. I believe I told you about them last week! they are awesome! they really have a great spirit about them and are willing to learn.
This week we had a lot of good work. we taught some great new people and have been challenging a ton for baptism. We are trying to help people see that our focus is to help them and not to just stop by and share messages about Christ with them. That is one of the hard things about teaching the hispanic culture! they all love to listen but dont like to keep commitments. haha. oh well. We find the good ones out there anyways. I guess this week I dont have much to say. It was kind of slow but not. I dont know.
Anyways... this week i get to go and work with the zone very closely. I am going to travel this entire week starting tomorrow morning to other areas around the zone while elder young and elder self handle the area here in cornelia. I am excited to do this cause it means that i get to see how all the missionaries are working and what they are doing in their respective areas. It will be wierd not sleeping in my own bed for 4-5 days but i think it will all be worth it. We are the only Zone Leaders in the mission with the opportunity to do this. We are the only Zone Leaders in a triad companionship and dubbed the 3 amigos. yeah! It is nice because having the extra man free's me up to go training around the zone!
Anyways... that is life right now. I am sure i will have a ton more to write about this upcoming week after the zone tour!

Love you all!

Much love,
Elder Erick Delgado

El Espíritu Santo
C a p í t u l o 7
Adán y Eva recibieron el Espíritu Santo


Después que Adán y Eva dejaron el Jardín de Edén, comenzaron a
cultivar la tierra y a realizar otras tareas para su sustento. Tuvieron
muchos hijos, quienes a su vez se casaron y también tuvieron hijos
(véase Moisés 5:1–3). De esa forma, los hijos espirituales de nuestro
Padre Celestial comenzaron a partir de Su presencia y a venir a
la tierra tal como se les había prometido (véase Abraham 3:24–25).
Al llegar a la tierra, se borró de su memoria el recuerdo de su
hogar celestial; pero nuestro Padre Celestial no les retiró Su
influencia, sino que les envió al Espíritu Santo para consolar,
ayudar y guiar a todos Sus hijos espirituales.


Adán y Eva invocaron al Padre Celestial en oración y Él les habló y
les dio mandamientos, los cuales obedecieron. Un ángel del Señor
vino y les enseñó el plan de salvación. El Señor envió al Espíritu
Santo para que testificara acerca del Padre y del Hijo y para que
les enseñara el Evangelio a Adán y a Eva (véase Moisés 5:4–9).
Por medio del poder del Espíritu Santo, Adán “...empezó a profetizar
concerniente a todas las familias de la tierra, diciendo: Bendito sea
el nombre de Dios, pues a causa de mi transgresión se han abierto
mis ojos, y tendré gozo en esta vida, y en la carne de nuevo veré a
Dios” (Moisés 5:10). Debido al testimonio que el Espíritu Santo le dio
a Eva, ella dijo: “…De no haber sido por nuestra transgresión, nunca
habríamos tenido posteridad, ni hubiéramos conocido jamás el bien
y el mal, ni el gozo de nuestra redención, ni la vida eterna que Dios
concede a todos los que son obedientes” (Moisés 5:11).


Los atributos del Espíritu Santo


El Espíritu Santo es un miembro de la Trinidad (véase 1 Juan 5:7;
D. y C. 20:28). Es un “...personaje de espíritu...” (D. y C. 130:22)
que sólo puede estar en un lugar a la vez, pero Su influencia
puede estar en todo lugar al mismo tiempo.
A nuestro Padre Celestial, Jesucristo y el Espíritu Santo se los llama
la Trinidad. Ellos están unidos en propósito, y cada uno tiene
una importante asignación en el plan de salvación. Nuestro Padre
Celestial es nuestro Padre y gobernante; Jesucristo es nuestro
Salvador y el Espíritu Santo es el revelador y el que da testimonio
de toda verdad.
El Espíritu Santo es el mensajero de nuestro Padre Celestial y
constituye un don especial para nosotros (véase el capítulo 21
de este libro).


La misión del Espíritu Santo


La misión del Espíritu Santo es dar testimonio del Padre y del Hijo,
y de la verdad de todas las cosas.
El Espíritu Santo nos testificará que Jesucristo es nuestro Salvador
y Redentor (véase 3 Nefi 28:11; D. y C. 20:27). Él nos revelará que
nuestro Padre Celestial es el Padre de nuestros espíritus y nos ayudará
a comprender que podemos llegar a ser exaltados tal como
nuestro Padre Celestial (véase Romanos 8:16–17). Los profetas del
Señor han prometido: “Y por el poder del Espíritu Santo podréis
conocer la verdad de todas las cosas” (Moroni 10:5).
Sin el Espíritu Santo, no podríamos saber que Jesús es el Cristo.
El apóstol Pablo escribió: “…nadie puede afirmar que Jesús es el
Señor, sino por el Espíritu Santo” (1 Corintios 12:3). El Salvador
mismo dijo: “Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único
Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado” ( Juan 17:3).


Es por medio del poder del Espíritu Santo que se brinda la guía
necesaria para comprender y vivir el evangelio de Jesucristo.
El poder convincente del Espíritu Santo es tan grande que no
puede haber duda de que lo que nos revela es verdad. El presi-
“Cuando una persona tiene la manifestación del Espíritu Santo,
queda una indeleble impresión en su alma, una que no es fácil
de borrar. Es el Espíritu que habla al espíritu, y se recibe con una
fuerza convincente. Una manifestación de un ángel, o aun del
Hijo de Dios mismo, impresionaría a los ojos y a la mente, y al
final se iría borrando; pero las impresiones del Espíritu Santo se
graban profundamente en el alma y son más difíciles de borrar”
(Answers to Gospel Smith Jr., 5 tomos, 1957–1966, tomo II, pág. 151).


El presidente Smith también dijo: “Por medio del Espíritu Santo la
verdad es entretejida en cada fibra y tendón del cuerpo, de manera
que no puede ser olvidada” (véase Doctrina de Salvación, compilación
de Bruce R. McConkie, 3 tomos, 1954–1956, tomo I, pág. 45).
Como miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los
Últimos Días, debemos ser dignos de recibir a este mensajero y
testigo especial de nuestro Padre Celestial y de Jesucristo.
dado a que su testimonio crezca. Según sea apropiado, comparta
algunas de estas experiencias con los miembros de la clase o de
la familia.

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